Desde hace tiempo tengo archivado cierto blog en favoritos. El autor no me conoce ni yo a él (bueno, lo vi una vez en persona y hasta lo saludé, pero conocer, conocer...). Suelo visitarlo porque me parece un buen blog, porque el chaval piensa cosas interesantes y me gusta su forma de ver la vida. Sin embargo, nunca me ha dado por ponerlo aquí entre mis links, vaya usted a saber por qué. Pero ahora me alegro, así puedo hablar con más libertad sin que os pongáis a bichear entre mis enlaces a ver de quién estoy hablando. No me gustan los cotilleos, y menos por internet (face to face a veces tienen gracia :P).
El caso, que el blog en cuestión recibe un montón de visitas y comentarios, y muchas veces yo pensaba: "Jolín, qué mérito no poner publicidad teniendo tantas visitas".
Porque no sé si sabéis que Blogger tiene una función llamada adSense que consiste en que añades publicidad a tu blog y recibes una cantidad de dinero por ello. No sé cómo te llega ese dinero ni ningún detalle más, aparte de que la cantidad va en función de las visitas que recibas, porque nunca me ha dado por instalarlo.
Hoy, llego a visitar el blog este tan chulo después de meses sin hacerlo, y justo debajo del simpático dibujo de cabecera, me encuentro un iPhone así de grande, y me entero de que ahora hasta se subastan por internet. Jo, es que en serio, era tan grande, tan bonito y tan lustroso que estuve a punto de hacerle click en plan urraca.
Obviamente, no era una nueva actualización. Era un anuncio.
Siendo totalmente sincera, si aún no he puesto yo el adSense no es solo porque prefiera, de momento, dejar que mi blog siga limpio de publicidad y apartado del consumismo (xD), sino porque la cantidad de dinero que me imagino podría llegarme no me compensa por ello. Si alguien me asegurase que voy a cobrar 1000 euracos al mes por poner la publi (o 500, o 200... o 100, a quién quiero engañar xD), la ponía en dos segundos. Que a nadie le amarga un dulce.
¿Todo y todos tenemos un precio? :S
lunes, 26 de enero de 2009
jueves, 8 de enero de 2009
El mejor año de mi vida
¿Que por qué lo sé? Pues muy sencillo: porque a día de hoy, no sé ni dónde estaré ni qué estaré haciendo cuando el 2009 acabe.
Y yo adoro la aventura =)
martes, 6 de enero de 2009
Noche de Reyes
Entraba la luna por las rendijas, y entraba el frío también...
De buena gana me hubiera levantado a ver lo que ocurría, pero ¡me daba un miedo!... Me tapé la cabeza y empecé a rezar.
"Jesusito de mi vida, tú eres niño como yo..."
De repente, ¡pum!, ¡pum!, ¡pum!, un ruido terrible de cosas que caen sobre el balcón..., y me encuentro en camisa, delante de un señor negro con corona, que está sentado en la barandilla.
-¡Dios te salve, Celia! -me dice.

-Que Dios te salve a ti, Rey Negro, porque si no, te caerás a la calle.
-Yo no me puedo caer, porque no peso.
-¡Qué bien! Entonces podrás volar.
-¡Ya lo creo! Mira.
Y cogiendo la puntas de la capa blanca que llevaba, se marchó volando por la calle arriba.
-¡Eh! ¡Eh! ¡Rey Negro! ¡No te vayas!
-Ya estoy aquí. ¿Qué quieres, Celia?
-Que no te marches sin dejarme los juguetes que te he pedido en mi carta.
-¿No los ves?
¡Qué tonta! Estaba el balcón lleno de cajas, y yo no había visto nada entonces.
-¿Me has traído la cocina?
-Sí, dos cocinas.
-¿Y el borrego?
-Un borrego y una cabra.
-¿Y el Teddy Bear?
-También.
-¿Y la vajilla?
-La vajilla, y un reloj, y cazolitas, y libros, y rompecabezas, y una raqueta...
-¡Huy, qué bueno eres! Y ahora que me fijo en ti..., ¡cuánto te pareces al lacayo de tita Julia!
-¡Como que es mi hermano!
-Anda, si lo sé antes le doy a él la carta para que te la llevase y así me hubieras traído más cosas aún...
-¿Te parecen pocas?
-No, no; no son pocas. Pero te hubiera dicho que no te olvidaras de Solita, la niña del portero.
-No me olvido nunca.
-Pues hijo, el año pasado no le trajiste nada.
-Sí, le traje; pero te quedaste tú con ellos...
-¡Jesús, qué mentiroso!
-¡Niña! ¿Cómo hablas así a un santo?
-¡Ay, Rey Negro! Perdóname, pero no sé cómo decirte que no dices la verdad...
-Sí, digo la verdad. ¿No crees que es demasiado para ti todo lo que te he traído por orden de Dios?
-No sé...
-Solo dejo juguetes en los balcones de los niños ricos; pero es para que ellos repartan con los niños pobres. Si tuviera que ir a casa de todos los niños no acabaría en toda la noche...
-Sí, sí, ya comprendo. ¿Entonces debo repartir con Solita lo que me has dejado?
-Eso es. Yo no puedo detenerme más. Está amaneciendo y aún me queda mucho por hacer.
No sé por dónde se fue ni cuándo me metí en la cama, porque me quedé dormida y no desperté hasta que entró la luz del día en mi cuarto. Me volví a levantar (entonces sí que hacía frío), me abrigué con la colcha y salí al balcón.
-¡Solita, Solita! -grité, porque ya estaba Solita barriendo la puerta-. ¡Mira lo que nos han traído los Reyes!
Desaté todos los paquetes, y con las cuerdas hice una muy larga que llegaba a la calle.

-Espera, que te voy a echar una cabrita -y se la mandé bien atada en la punta de una cuerda.
-Y ahora unos libros... -y se cayeron; pero todos llegaron al suelo.
-Y una caja con una cocina.
¡Cómo bailaba Solita!
Detrás de mí, dijo papá:
-¡Pero qué estás haciendo, niña!
-Repartiendo los juguetes.
-¡Entra dentro, criatura, que hace un frío horroroso! Milagro será que no hayas cogido una pulmonía! ¡A la cama!
¡Qué voces daba!
-¡Pero papá, si me ha mandado el Rey Negro que le dé a Solita juguetes, porque también son para ella!
-Veremos lo que dice tu madre de eso. ¡Abrígate bien!
-Mira papá, el Rey Negro me lo ha explicado todo...
-¡No digas más tonterías! Todo eso lo has soñado o lo has leído en alguna parte.
-¡Que no, papá, que no! Mira, yo te diré...
-¡Nada, no me digas nada! ¿Qué es lo que le has dado a Solita?
-Una cabra...
-¡Válgame Dios! ¡Un juguete carísimo!... ¿Entras en calor?
-Sí, sí; ya no tengo frío... Verás papá, yo te contaré...
-¿Te quieres callar? Las niñas no mienten ni creen que es verdad lo que sueñan...
De pronto apareció Juana haciendo aspavientos.
-Señor, aquí está Pedro, el portero, con unos juguetes que dice que...
-Bueno, bueno -interrumpió papá-; dígale usted que son para su hija, que se los dé...
-¡Ay, papá, qué bueno eres! ¡Ya lo sabía yo!
-Lo que no sabes es la que nos va a armar tu madre en cuanto aparezca.
¡Y ya se oían los pasos de mamá...!"
-- Elena Fortún, Celia, lo que dice
En vez de comentar yo misma el texto, como suelo decir, que cada uno saque su propia lectura ;)
Feliz Día de Reyes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
